jueves, 19 de mayo de 2016

Ventanas y una leyenda de Chiloé



Chiloé es una tierra de magia, leyendas, fantasía, y por supuesto, brujos. Estos brujos son personas que utilizan la magia para hechizar a sus enemigos, ya sea causándoles daños, enfermedades, o la muerte. En ocasiones, toman la forma de aves como el Coo o el Raiquén para poder acercarse a sus víctimas sin ser reconocidos. Por eso estos pájaros son "aves de mal agüero", porque podría tratarse de brujos, y su presencia anuncia que cosas malas van a sucederle a quien los ve.



Cuando el Coo va a anunciar la muerte, primero sobrevuela la casa de la víctima, luego se posa en su ventana y llama su atención golpeando los vidrios. En muchas casas chilotas se pueden observar pequeñas figuras decorando las ventanas, ya sean muñecos, estatuillas o juguetes: éstos se utilizan para espantar o distraer al Coo, para que no pueda encontrar a su víctima. Asimismo, los visillos, que se ven en la mayoría de las casas, servirían para que el brujo no mire hacia adentro.


Muchas gracias a @blogdelachilotita (elblogdelachilotita.wordpress.com) por contarme la leyenda cuando, intrigada por las figuritas que veía en las ventanas en la ciudad de Castro, pregunté a qué se debían. Ya desde el principio me había enamorado de los visillos, tan románticos, presentes en la mayoría de las casas de la isla.



Chiloé es un lugar muy especial, sin duda único en el mundo. Es tierra mezclada con mar, zona de marineros, pescadores, y de antiguos mitos que aún sobreviven en las costumbres de todos los días. Escribo este post en un momento en que esta bella región sufre la crisis ambiental más grave que se recuerda, y su gente está desesperada al ver su medio de sustento (la pesca) en peligro. 


Se me estruja el corazón de pensar que los dueños de tanta mística tengan que estar sufriendo por males tan prosaicos, ocasionados o incrementados por malos manejos de quienes tienen el poder pero no cuidan de la naturaleza y de las personas. ¡Fuerza Chiloé!
 



(nótese el polirrubro).







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jueves, 12 de mayo de 2016

Algo nuevo, algo viejo, algo heredado, algo hecho por vos


(Post escrito para la columna "Habitar" del Blog de Juana.)

Según una conocida costumbre, las novias deben usar en su casamiento algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul. Siguiendo el juego a esa tradición, yo me inventé una para las casas, y dice así: para atraer la felicidad, toda casa debe incluir algo nuevo, algo viejo, algo heredado y algo hecho por uno mismo.

Por supuesto, mi teoría tiene tanto fundamento científico como la referida a las bodas, de modo que espero que nadie quiera discutírmela… Pero que no sea comprobable no significa que no sea cierta, como quien dice “las brujas no existen pero que las hay, las hay”. Los invito a explorar conmigo el sentido de estas cuatro categorías.

Algo nuevo
Cuando iniciamos una vida en una casa, comprar cosas nuevas representa todas las novedades que están por venir. Lo nuevo simboliza el cambio, la aventura, el futuro y las oportunidades. Al casarnos, representa el proyecto que empezamos como pareja; en otra etapa de la vida, algo nuevo puede atraer otros cambios, es cambiar de aires, buscar otros horizontes. Si estamos atascados, nos renovamos por fuera para hacerlo también por dentro, y viceversa. Algo nuevo tiene el poder de iluminarlo todo, es un gusto que nos damos, da placer y entusiasmo.

Algo viejo
Por supuesto, no se puede tener todo nuevo. Una casa donde todo es nuevo parece una maqueta, carece de personalidad. Lo nuevo con lo viejo se complementan y equilibran. Si lo nuevo tiene la energía de los comienzos, de los puntos de partida y de los cambios, lo viejo representa la permanencia y la continuidad con el pasado.

Lo viejo es lo que viene cumpliendo su función hace muchos años, ya sea en tu casa o en la de otro. Una mesa plegable que juntaba polvo en la baulera de tu casa y que te llevaste cuando te mudaste solo; sillas que compraste de segunda mano porque andabas corto de plata; macetas que encontraste en la calle. Lo viejo tiene carácter, tiene esa pátina del tiempo que lo hace único y entrañable. Lo viejo es cómodo y relajado: suele ser fuerte (razón por la que ha durado tanto tiempo), no hay miedo de romperlo, ya está gastado, es la silla donde los chicos pueden pisar sin problema, la mesa donde pueden dibujar y pintar sin temor a que a la arruinen. Por último, reutilizar los objetos es poner un freno al consumismo, es conciencia ambiental y social, es ahorro y austeridad.

Algo heredado
Lo heredado también es viejo, pero su particularidad es que tiene alto valor afectivo. No lo trajiste a casa porque era práctico -como la mesa plegable de la baulera- sino porque le tenés cariño, porque era de tu mamá o de tu abuela y te tocó en herencia. Puede ser desde un gran mueble hasta una pequeña cajita. Es aquello que tiene atadas memorias de otra época, de aromas de tu infancia, de una casa donde jugabas de chico, de unas manos amasaban pan o del ritual que hacia tu abuelo para afeitarse.

Tener algo heredado no es pura nostalgia. Representa nuestro origen y nuestra historia. Simboliza que los lazos y las enseñanzas familiares no se rompen, sino que se transforman para adaptarse a nuestra nueva vida. Es necesario tener algo heredado, una presencia tangible que nos una con nuestro pasado; no dejen de traerse algo así para sus casas.

Algo hecho por uno mismo
Y finalmente, algo hecho por nosotros mismos. Por ejemplo, un mueble que estaba inutilizable y que reciclaste con tus manos, un cuadro pintado por vos, un pequeño bordado que hiciste y enmarcaste. No necesitas tener grandes habilidades artísticas: puede tratarse de la instalación eléctrica, del empapelado de los muros, de una botella que transformaste en lámpara, o de un dibujo que hiciste cuando eras muy chico. Lo hecho por uno implica desafío, es empoderamiento (“yo puedo hacerlo”), y una vez terminado produce orgullo y satisfacción.

Resolver los asuntos de la casa poniendo el cuerpo es comprometerse al 100% con el hogar y la familia. Es marcar presencia a los ojos de tus hijos: ¿cómo podrían olvidarse de la casa del árbol que construyó su papá con sus manos, o de las cortinas que les cosió la mamá para su dormitorio? Y si además el trabajo es compartido en familia… las consecuencias superan lo predecible. Se hace vivencia, se vuelve memoria, se convierte en cimiento de la personalidad.


¿Cuáles son tus objetos nuevos, viejos, usados y heredados? ¿Puedes encontrar de todos en tu casa? ¿Qué valor le das a cada uno? La casa es como la vida, no voy a cansarme de repetirlo. Así como la casa, la vida está compuesta por una gran variedad de cosas y personas: las nuevas y las viejas, las que buscamos y las que nos encontraron a nosotros, las de siempre, las temporales, las compartidas, las secretas, las que nos costaron gran esfuerzo. Todas son necesarias y todas forman parte de nosotros. Reconocerlas, aceptarlas e integrarlas, dando a cada una su justo valor, es un gran paso para vivir en armonía.

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miércoles, 4 de mayo de 2016

Cómo pasar un día perfecto en Pirque

Hoy les traigo una propuesta lindísima de paseo para hacer por el día desde Santiago: una visita a Pirque, de la mano de Patricia, la creadora de La Verbena.


Pirque está dentro de la Región Metropolitana pero es un verdadero pueblo, rodeado de quintas y viñedos. Queda a 20 km del centro de Santiago, es decir que se llega en menos de 1 hora. Desde que descubrí en instagram a La Verbena (@laverbenadecoalmacen) supe que tenía que ir a conocerla, y de paso recorrer un poco la zona. Qué sorpresa la mía cuando hablé con Patricia y me contó que ya tenía armado un recorrido, y me invitó a hacerlo. 

El paseo incluye algunos lugares de la ruta conocida como El Principal, y termina con un cafecito en la espectacular La Verbena. Patricia nos pasó a buscar por un punto de encuentro en Pirque, y nos llevó en primer lugar a la quesería Van de Wyngard, una tienda de quesos 100% artesanales y naturales, sin conservantes ni agregados. La dueña, María Teresa, produce todo ahí mismo; nos dio para degustar algunos quesos y manjar, todo delicioso. Recomiendo mucho su queso fresco y el queso sour, de este último me traje un poco a casa y estoy comiendo sin mesura, con la excusa de que "como no tiene conservantes dura poco". ¡En mis manos por supuesto que dura poco!



De ahí nos fuimos a conocer la casona de la Hacienda El Principal, construida en 1860 por la familia García Huidobro, y donde vivió el poeta Vicente Huidobro. Es una construcción hermosa, con grandes galerías todo alrededor. Tiene al lado una gran iglesia de madera con su torre torcida, que data de 1883. Según me contaron, en esa época era normal que las haciendas tuvieran sus propias iglesias (y seguramente algún sacerdote en la familia), pero esta es realmente enorme! Tanto la casa como la iglesia fueron severamente dañadas por el terremoto y están hoy deshabitadas y muy venidas abajo, lo cual es una pena, pero razón extra para ir a conocerlas, no se sabe si estarán ahí para siempre. No están abiertas al público, por eso fue clave la gestión de nuestra anfitriona. 


La tercera parada fue Fundición Pirque, una fábrica de cocinas a leña donde el proceso se sigue haciendo en forma muy artesanal. Es una joya y orgullo de la zona. El producto final es lindísimo, pero uno no se imagina la dedicación que lleva hacer cada pieza.


Y por ultimo, La Verbena, emporio y tienda de objetos. Un verdadero tesoro, paraíso de lo vintage y del buen gusto. Un lugar para viajar al pasado, jugar al antiguo almacén, y dejar salir un rato a la nostalgia. Cada lugar donde se posaban mis ojos merecía una foto, y el aperitivo que comimos era exquisito. Realmente se nota y se siente el amor que hay puesto en ese lugar.


Les recomiendo mucho esta experiencia de pasar el día en Pirque, acompañados por alguien local que ama el lugar y se deleita con mostrarlo a otros. Pueden comunicarse con Patricia Campos al +56 9 6831-5679 y por mail: patriciacamposgutierrez@gmail.com
 



¿Qué les pareció el paseo? ¿Conocen Pirque?
¿Alguien de Santiago con ganas de salir un poco de la ciudad? ¿Alguien que venga de visita y quiera hacer algo distinto? Cuentenme si siguen mi consejo!


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jueves, 14 de abril de 2016

Escapadas: Por las rutas del vino

¡Buen día! Hoy les voy a contar sobre una opción de paseo muy linda que se puede hacer desde Santiago, y son las visitas a viñedos. Mi intención además es empezar una serie de posts sobre escapadas de Santiago, salidas fuera de la ciudad que se pueden hacer por el día. Por supuesto, les voy a hablar de las que yo hice.


En Chile se produce un vino excelente, en cinco zonas principales: los valles de Colchagua, de Casablanca, del Maipo, de Curicó y del Maule. Los tres primeros valles están muy cerca de Santiago y hay bodegas preparadas para el enoturismo que se pueden visitar en el día, como una salida de almuerzo más un rato de paseo.

Algunos tips para tener en cuenta: 

- En todos los casos hay que reservar antes de ir, en lo posible con un par de días de anticipación, ya que los restaurantes no suelen ser muy grandes y se acaba el lugar. 

- Se puede ir durante todo el año, pero en invierno los paisajes son menos llamativos porque las plantaciones pierden las hojas. El otoño sin dudas es lindísimo, y si eligen una viña con cultivo de uva Carmenére, sus hojas se ponen de un color rojo intenso increíble (como esta foto de abajo).


- Cada bodega ofrece su propio programa turístico: almuerzos, degustaciones, recorridos, trekking, picnics, paseos en bicicleta, cabalgatas, clases de cata de vinos, etc. A mí me basta con poder estar un rato paseando entre los viñedos, sacando fotos, que es como estar en un sueño! Pero para gente más aterrizada (jaja) hay varias opciones. Elijan en las páginas de internet de cada estancia lo que más les divierta! Entre marzo y abril además es la temporada de vendimia, por lo que suelen organizarse actividades especiales, vale la pena estar atentos.


- Último tip: sean responsables, ¡no salgan manejando después de la degustación! 

Les muestro los tres viñedos que visitamos hasta ahora:

Viña Montes
www.monteswines.com


Está en el valle de Colchagua, esta zona es una belleza absoluta, queda a 2 horas y media de Santiago, hacia el Sur. El lugar me fascinó. Tienen un restaurante muy chiquito con mesas solamente al aire libre, nosotros fuimos casi en invierno, por suerte nos tocó un día de sol y pudimos almorzar afuera sin problema. Comimos riquísimo y nos atendieron muy bien. Además hicimos el tour y degustación. 




Estancia El Cuadro
www.elcuadro.cl


Esta estancia no es bodega, tienen viñedos y con su uva se fabrican vinos en otras bodegas. Está muy cerca de Santiago, en la zona de Casablanca, y nos pareció lindísima a pesar de que fuimos en pleno invierno cuando todas las ramas estaban peladas. ¡En otra época debe ser mejor todavía! 



Fuimos con un Groupon a muy buen precio que incluía recorrido, degustación, almuerzo y una botella de regalo por persona. El paseo por las plantaciones fue en un carro a caballo muy agradable. En el lugar producen en cantidad unos seis varietales, pero tienen un jardín de cepas con más de 26 variedades de uvas viníferas, esa parte es de verdad muy interesante para alguien que esté en el tema. 





Casas del Bosque

www.casasdelbosque.cl



De este lugar se habla mucho, y quizás por eso mis expectativas eran altas y no me impresionó tanto. No quiero ser injusta, el lugar es lindísimo, comimos muy rico, y la atención de los mozos en el restaurante fue realmente para destacar. Pero está cerca de Santiago (en Casablanca, a 1 hora en auto), es más concurrida, había varios grupos como "tours" de extranjeros, y quizás cuando un lugar se hace tan turístico pierde algo de la magia. El Valle de Colchagua me gustó más, pero claro, hay que irse más lejos. Casas del Bosque, como opción para salir a almorzar y no perder todo el día, es muy recomendable.



¿Ustedes conocen algún viñedo? ¿Cuál me recomendarían? Por mi parte, tengo ganas de conocer L'Apostolle y Viñas Santa Cruz.

Si vienen de visita a Santiago, ¿se escaparían un día para hacer algo de enoturismo?

Sitios donde buscar más información:

Vinos de Chile: http://www.winesofchile.org/
Valle de Casablanca: http://www.casablancavalley.cl/
Valle del Maipo : http://www.rutadelvinoislademaipo.cl/
Valle de Colchagua: http://www.rutadelvino.cl/
Valle de Curicó: http://www.rutadelvinocurico.cl/
Valle del Maule: http://www.valledelmaule.cl/

Gracias por leer!

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miércoles, 9 de marzo de 2016

Caminar y habitar-se

[Post publicado en el Blog de Juana]

"Camina lento, no te apresures, que al único lugar a donde tienes que llegar es a ti mismo” (Ortega y Gasset).



Todos estamos al tanto de lo saludable que es caminar. Sus beneficios para nuestro cuerpo y nuestra mente están ampliamente difundidos: disminuye el colesterol, ayuda a controlar la presión sanguínea, quema calorías, previene la depresión y la ansiedad… entre otros. No es necesario que los enumere aquí, porque es muy fácil encontrar artículos de difusión científica sobre el tema. 

Creo también, y no me canso de repetir, que caminar es la mejor forma de conocer una ciudad o un barrio. Incluso cuando voy en bicicleta –que me parece una maravilla- me pierdo de algunas cosas que sí capto caminando: mirar lo que hay encima de mi cabeza, captar al vuelo fragmentos de conversaciones, distinguir aromas o sonidos sutiles. Para percibir profundamente lo que me rodea, nada mejor que el ritmo pausado, preciso, de mis dos pies firmes sobre la tierra.

Caminar es mucho más que un ejercicio físico y psíquico: en otro nivel, caminar es una actitud ante la vida. Quien sale a pasear está eligiendo tener un momento de intimidad con uno mismo. A la vez, salir es cambiar de entorno habilitando vínculos con otras escenas y nuevos pensamientos que éstas puedan despertar en nosotros. Por lo tanto, es un movimiento hacia afuera (descubrir el mundo) y hacia adentro (contactar con nuestra profundidad); ese doble movimiento nos ubica en nuestro ser y en un tiempo y espacio determinados, nos devuelve a nuestro eje.

Hoy la propuesta es que salgas a caminar solo, sin teléfono, sin música, y sin otro objetivo que caminar. No para hacer planes o recordar cosas, sino presente en el aquí y ahora, en el instante de cada paso que das. Con la consciencia de habitar tu cuerpo, prestando atención al aire que entra y sale de él. Atento a las temperaturas, las luces, las sombras, los olores y las sensaciones que se despiertan en tu interior. Habitando-te y habitando el momento presente, que es el único que tenemos realmente.

Si esta actitud es terapéutica para todos, lo es más todavía para quienes estén atravesando un momento de dolor. Les comparto esto que leí: “En épocas de sufrimiento, cuando el futuro es demasiado terrible para contemplar y el pasado demasiado penoso de recordar, aprendí a prestar atención al ahora mismo. El preciso momento en el que estaba siempre era el único lugar seguro para mí. Cada instante era soportable. En el ahora mismo todos estamos siempre bien. Ayer pudo haber terminado el matrimonio; mañana tal vez se muera el gato. (…) pero en este momento, ahora mismo, todo está bien. Inspiro y expiro” (Julia Cameron)*.

Con frecuencia oímos frases motivacionales acerca de que hay que “vivir el momento”, pero ¡qué difícil es cumplirlo! Afortunadamente tenemos la oportunidad que nos brindan nuestros dos pies, con los cuales hacemos literal la metáfora del “un paso a la vez”. Hagamos este ejercicio, cada tanto, para habitar conscientemente nuestro aquí y ahora. Si nos lo permitimos, el camino puede devolvernos más de lo que esperamos: deleite en los pequeños detalles, energías renovadas, satisfacción y experiencia.

* Referencias:
Cameron, Julia. El camino del artista: un método para superar los obstáculos que nos separan de nuestro ser creativo. Buenos Aires: Troquel, 2013.


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jueves, 25 de febrero de 2016

Acerca de huéspedes y anfitriones (una historia que todos queremos que termine bien)

¡Hola! Este post lo escribí para la sección Habitar del blog de La Casa de Juana. Somos muchos, muchísimos los que nos fuimos a vivir lejos de nuestra familia y nuestros amigos, y si no lo hicimos, tenemos amigos, hermanos, primos o hijos expatriados. Viajar por el mundo y alojarse en la casa de una amigo o familiar es cosa frecuente. Este texto lo escribí para todos nosotros, visitantes y visitados. Si se sienten identificados con la situación, si tienen alguna anécdota que contar o consejo que agregar, los invito a dejar un comentario. ¡Lean y después me cuentan!


Puertas abiertas

Quienes residen en la misma ciudad donde han vivido siempre su familia y sus amigos, posiblemente pasen la mayor parte de su vida adulta sin necesidad de alojar a nadie en su casa. Pero cuando las circunstancias nos llevan a instalarnos en otra ciudad, en otro país, nos encontramos en una situación nueva: la de recibir huéspedes. El hogar propio, el santuario, adquiere una función adicional y se modifica su ritmo habitual.

Abrir las puertas de la casa es abrir el corazón a otros, invitarlos a ser parte de nuestra vida y compartir con ellos el amor de nuestra familia. Esto se da incluso desde la visita más breve, un café o una comida. Cuando los invitados pernoctan, la intimidad que se comparte es aún mayor. Esta experiencia es fuente inmensas alegrías pero puede ser también disruptiva. Por eso, tanto visitantes como dueños de casa tenemos la misión de ser cuidadosos para preservar lo más importante de todo: la amistad.

Hace poco leí en una revista una nota bastante divertida sobre la experiencia de ser anfitrión y huésped, en la que ofrecían una serie de consejos para unos y otros. Me dieron ganas de escribir los míos propios, basada no sólo en mis vivencias en ambos roles, sino también en los testimonios de amigos expatriados dispersos por el mundo. 

Cuando estamos lejos, todos extrañamos a nuestros seres queridos, los necesitamos y los vamos a seguir necesitando. La prueba está en que luego de un año y 25 visitas, no dejo de insistir a mi familia y a mis amigas para que vengan a casa. Pero como anfitriones también padecemos algunas complicaciones, hay que ser sinceros. Algunos consejos para que la perspectiva de recibir visitas no se opaque ni deje de ser motivo de alegría:


1. Si vives con tu pareja, no invites huéspedes sin consultarlo antes con él o ella. Una vez aceptada una visita de común acuerdo, recibe a los invitados de tu cónyuge con el mismo cariño y dedicación que si fueran los tuyos. 

2. Regular las expectativas. Antes de la visita, intenta conocer sus deseos para ese viaje y se claro en cuanto a las atenciones y comodidades que puedes ofrecer. Si, por ejemplo, el espacio que tienes no es confortable, si estarás sumamente ocupado con tu trabajo, o si tus hijos pequeños los van a despertar a las 7 a.m., no puedes dejar de advertírselo: merecen la oportunidad de reconsiderar su estadía. 

3. Un cálido recibimiento. Espera con las cosas del primer día resueltas: camas hechas con sábanas limpias, toallas, espacio libre en el ropero, baño provisto con shampoo, jabón, pasta de dientes, papel higiénico, adaptador para los enchufes, la clave de wifi, todo lo que puedan necesitar. Chocolates, flores en la habitación o carteles de bienvenida son detalles extra muy bien valorados. Averigua qué les gusta desayunar e intenta tenerlo para el primer día. La primera comida juntos es un buen momento para agasajarlos, ofrecer algo rico y celebrar la alegría del reencuentro.

4. Facilitar su independencia. Brinda información y elementos para que puedan manejarse por su cuenta: mapas, llaves, información sobre medios de transporte, atracciones turísticas o ubicación de distintos servicios en el barrio. Si tu presupuesto lo permite, podrías tener un teléfono celular y tarjeta de transporte para prestarles. 

5. Si quieres ayuda, simplemente pide. A veces los visitantes no saben muy bien de qué modo colaborar, pero lo hacen de buena gana si se los orienta un poco. En general reciben con entusiasmo sugerencias como "¿quieres ir poniendo la mesa mientras yo preparo esto?" o "¿a la vuelta de tu paseo podrías parar en el almacén y traer huevos?".

6. Disfruta de la compañía, pero conserva tu vida. Seguramente vas a cambiar algunos planes por el placer de pasar más tiempo con tus amigos. Pero por norma general, intenta mantener tus actividades, especialmente si tienes visitas frecuentes. Esto hará que recibir gente no se convierta para vos en una carga, y también les brinda a tus visitantes un poco de libertad. 

7. Libro de visitas: es prescindible pero muy lindo tener un cuaderno donde todos los que se alojen en tu casa dejen un mensaje antes de irse. Con el tiempo será tu forma de recordar quiénes te visitaron y los buenos momentos que compartieron.

Seguramente todos los consejos tienen excepciones, principalmente cuando las visitas se dan entre padres e hijos, cuyas formas de relacionarse son especiales en cada familia. De todos modos, continuemos con unas palabras para los huéspedes. Ir a compartir la casa de alguien es ir a compartir su vida: hazlo si de verdad quieres acompañar a esa persona en el desayuno, trámites, la hora del baño de los hijos, y demás trivialidades que conforman la cotidianeidad. Estos son algunos tips para ser el huésped del año y asegurarte ser bien recibido en una próxima visita:


1. Antes de planificar tu viaje consulta si pueden recibirte. Luego, se claro acerca de las fechas de llegada y partida, y cumple con ellas. ¿Cuál es el máximo de tiempo recomendable para quedarse? Hay quienes dicen cuatro días, otros una semana, pero es relativo y depende del vínculo, del destino y de muchos otros factores. Usa tu criterio y no abuses.

2. Adáptate a las normas y costumbres de la casa y ayuda con el trabajo cotidiano. En una casa hay muchas tareas, que se multiplican con un nuevo habitante; colabora siempre y anticípate a lo que podría necesitarse.

3. Retribuye la amabilidad. Algunos huéspedes acostumbran llegar con un regalo, es muy lindo pero no es imprescindible ya que existen distintas formas de ser generoso. Una buena idea es invitar a tus anfitriones a una comida, ya sea en un restaurante o comprando víveres y cocinando para ellos. También puedes hacer compras en el supermercado por tu cuenta, aportando a la casa productos que has visto que consumen a diario.

4. No esperes que tus anfitriones paguen los gastos que hacen juntos fuera de la casa. Taxis, estacionamientos, peajes, transporte público, combustible, comidas... disponte a pagar como mínimo tu parte. Para esto es importante que te hayas asegurado previamente de tener moneda local (si estás visitando otro país).

5. Intenta ser independiente, pero comunica tus planes. Procura no necesitar a tus anfitriones permanentemente, así puedes dejarles tiempo para sus asuntos. Si organizas salidas por tu cuenta, hazles saber tu itinerario, aclarando si estarás afuera todo el día y si volverás para comer.

¿Y si todo falla? Puede ser que a pesar de las mejores predisposiciones, la convivencia no resulte feliz. Si esto ocurre, no te desanimes. No todos fuimos creados para convivir; de hecho son muy pocos los vínculos humanos que implican residir bajo el mismo techo: padres, hijos, hermanos y pareja, según la etapa de la vida. La mayoría de los amigos no necesitan vivir juntos, por lo tanto, si hacerlo durante unos días no funcionó, no dejes que eso afecte la amistad. Pueden seguir siendo los mejores amigos del mundo, porque las posibilidades de que la experiencia se repita son escasas. 

Cada vez somos más las familias que nos aventuramos a iniciar una nueva vida en distintas partes del mundo. Las amistades se pueden mantener más allá de los océanos y las cordilleras, pero adquieren nuevas formas, y hay que ayudarlas a encontrar su nuevo cauce. Espero que esto sirva para que todos sigamos visitando y siendo visitados con alegría, disfrutando de la compañía y los afectos.

//Todas las fotos de este post pertenecen a La Casa de Juana.
//Lee todos los posts de Habitar: http://www.lacasadejuana.cl/#!blog-de-juana/c1pfa/tag/HABITAR




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martes, 9 de febrero de 2016

Romance urbano

Ama a tu ciudad. Ella es sólo la prolongación de tu hogar, y su belleza te embellece y su fealdad te avergüenza.” Lo escribió Gabriela Mistral y tengo que agradecerle que me diera las palabras precisas para expresar lo que quiero decir. Si hemos decidido habitar conscientemente nuestros espacios, empezando por nuestra casa, esa actitud se extiende necesariamente hacia el barrio y hacia la ciudad, que son la continuación del hogar.


La ciudad nos entretiene, nos aturde, nos cobija, nos aplasta, nos fascina y nos espanta por igual. Existen motivos de sobra para amar y para odiar cualquier ciudad. Así como no existe la casa perfecta, tampoco existe la ciudad perfecta. Podemos vivir con la queja en los labios, con la mirada en ciudades foráneas, urbes que dejamos atrás o que nunca fueron nuestras… O podemos, en cambio, elegir vivir enamorados.

Enamorados de los músicos callejeros, de la abuelita que vende frutillas en nuestro camino al trabajo, de la textura de los muros, de las ventanas con flores o de la sombra de los parques.  Locos, embobados, un poco tontos. Enamorarse no tiene que ver con que el balance de defectos y virtudes de positivo (si así fuera, no sé cuántas ciudades superarían la prueba).  Enamorarse es irracional, los enamorados son contrariados una y otra vez, y todas las veces se dejan reconquistar.


Está lleno de optimistas así; en Santiago los veo recuperando parques, organizando paseos patrimoniales en bicicleta, disfrutando las áreas verdes, interviniendo con arte los espacios públicos, escribiendo odas a la ciudad, tomando fotos. Y seguro hay muchos invisibles y silenciosos también, circulando con el ojo atento para captar ese guiño que los haga perder la cabeza otra vez. A cada uno la ciudad le hace su propio juego de seducción; hay tantas versiones de una ciudad como ciudadanos respirando en ella.

Sin duda, como ocurre en las historias más apasionadas, va a ser una relación de amor-odio. La desidealización es parte del amor. En verdad, no te involucras con una ciudad hasta que no sufres sus embates, su tumulto, su temperatura, hasta que no te has amontonado con su gente en el transporte público. No es esa manera fácil de amar París, Londres, Nueva York o cualquier ciudad lejana que siempre parece perfecta. El residente ama como aman los esposos, los hermanos, las mejores amigas: en la trinchera, conociendo las miserias, peleándose y reconciliándose. Se ama con intención. Sabemos que nos vamos a volver a topar con la pobreza, con la injusticia, con lo triste o lo incómodo, pero elegimos vivir enamorados, porque es una linda forma de vivir.

Para seguir con las frases célebres, una de Goethe: una persona ve en el mundo aquello que lleva en el corazón. Ojalá tengamos corazón para ver en nuestra ciudad belleza, esperanza y alegría. Una mirada que ama, a la larga transforma, y se necesitan muchas miradas así para hacer de nuestras ciudades hogares felices para todos.

(Post escrito para el Blog de Juana)




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